
Hay surcos profundos en mi rostro antiguo. Son los cauces secos de los tantos ríos que la atravesaron: con torrentes de agua salada de hastío ante un pan amargo; con fieras crecidas de angustias pasadas cargadas de llanto; con dulces arroyos de horas felices repletas de encanto. Hay en mi voz algo que no tenía antaño, una lentitud que suena cuando hablo como una oracióno como un presagio. La lengua que ayer corría ligera, se mueve hoy despacio.No llama a doncellas, no grita quimeras. Ya no ruge como cuando era muchacho. Mis ojos ven menos, pero han visto tanto, que siempre adivinan si en una sonrisa algo le ocultaron.Y miran profundo a un ayer lejano, preguntan por un paraíso que fue sueño profanado por gente sin sueños que, en la juventud,nunca logran verse aún con ojos sanos. Disfruta tu vida, no la desperdicies, lo pagarías caro. Se recogen flores de todo jardín mas no hay vergel florido sin tiernos cuidados. Sin mente y trabajo no hay sueños dorados. No te engañe el músculo que hoy sientes firme; ya se pondrá blando. Yo estoy viejo y sé que me estoy marchando.
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